bIOLOGÍA PARA 2DO b – 7MA ACTIVIDAD

Asignatura:  Biología       Curso:  2do   División:  B

Tema: Revisión Promoción. Enfermedades infectocontagiosa

Profesora: Fernández Magalí                       Correo: fernandezlujan429@gmail.com

 Fecha de entrega: 14/08/2020

Espero que hayan pasado lindo y descansado en el receso de invierno. Feliz inicio de clases!!!

Actividad N°1

En esta actividad vamos realizar una revisión de los dos últimos trabajos: Promoción y Enfermedades infectocontagiosa

A- Realiza una lectura prudente del texto “Los Factores Ambientales Físicos”

B-  Analizar y Responder

1- ¿Qué relación tiene el material leído con los trabajos anteriores de prevención,  promoción y Enfermedades Infectocontagiosa? (trabajo N°6 y N°4)
2- ¿Cuál sería tu reflexión sobre el texto?

LOS FACTORES AMBIENTALES FÍSICOS

Los factores ambientales naturales más significativos, que tienen una relación directa con la emergencia o reemergencia de enfermedades infecciosas. Es muy común que las personas asocien los espacios “verdes” de montaña o mar con lugares curativos y a las grandes ciudades como malsanas. En realidad poco tienen de ciertas tales conjeturas. Pero desde la antigüedad, existe la idea del “espacio que enferma” y del “espacio que sana” y, “la búsqueda de cambios de aire, estadías en zonas serranas y baños termales se practicó a lo largo de la historia con más o menos convencimiento y a veces con fe ciega” (Olivera, 1993:30). Hasta fines del siglo XIX se creía que muchos males se engendraron en el aire o en los “malos aires”. Precisamente el término malaria deriva del italiano mal-aria o mal aire, pues se pensaba que el aire que circundaba los pantanos italianos era el causante de las repentinas fiebres que aquejan a los que vivían en sus alrededores. La aparición de epidemias también está asociada a los riesgos naturales; Un ejemplo es lo que sucedió en el oeste de Estados Unidos a mediados de los ´90. En California, los suelos del desierto contienen esporas de un hongo (Coccidioides) que provoca una enfermedad respiratoria conocida como fiebre del valle. Luego de un terremoto ocurrido en 1994, el deslizamiento de tierra que provocó el sismo levantó grandes volúmenes de polvo con las esporas del hongo; las mismas llegaron a las zonas urbanas transportadas por el viento y produjeron un brote de dicha patología (Keller y Blodgett, 2007) Un último ejemplo, nueve meses después del último terremoto que afectó a Haití (enero de 2010), se produjo una epidemia de cólera que aún persiste. Quizás los factores ambientales más ligados a la prevalencia de algunas enfermedades infecciosas sean la temperatura y las precipitaciones. Las temperaturas bajas favorecen a la propagación de gérmenes que se transmiten por aire a través de las gotitas de Flügge. Además, durante los períodos fríos, las personas suelen permanecer más tiempo en lugares cerrados y con poca ventilación. Mientras que las temperaturas altas favorecen a la propagación de insectos vectores de peligrosas infecciones y a la trasmisión de enfermedades a través del agua. En cuanto a las lluvias, su exceso (dependiendo del tipo de suelo y la pendiente del lugar), producen encharcamientos que favorecerá la reproducción de insectos hematófagos. Cuando las lluvias son abundantes y abruptas, y causan inundaciones, las enfermedades transmisibles por agua como hepatitis, leptospirosis y cólera, pueden hacerse presentes. Entonces, si el clima tiene una influencia directa con las patologías emergentes y reemergentes, lo tendrá aún más cuando se presenten anomalías climáticas sustanciales. Uno de los eventos climáticos más importantes, por los “desajustes” que genera en la troposfera y, por ende, en el clima terrestre, y consecuentemente, por su alcance mundial, es el producido por el denominado fenómeno “El Niño” y su contrapartida “La Niña”.

El fenómeno de “El Niño” y “La Niña” y su relación con las enfermedades emergentes y reemergentes
Sintéticamente podemos decir que, el fenómeno de “El Niño”, es una manifestación climática que genera el estancamiento de aguas cálidas sobre la costa occidental de América del Sur. Cuando la permanencia de estas aguas, anómalamente cálidas, se extiende en el tiempo, la atmósfera que se encuentra en contacto, por encima de ellas, sufre grandes variaciones barométricas y térmicas. Esto provoca grandes desequilibrios globales en la dinámica atmosférica. Por el contrario, “La Niña”, se produce cuando las aguas frías provenientes del sur del Pacífico se estacionan en la costa oeste suramericana y permanecen allí por varios meses. El Niño se relaciona más con lluvias abundantes y La Niña con la ausencia de precipitaciones, aunque esto no es taxativo. El Niño y La Niña están asociados a las grandes sequías o exceso de lluvias en otras regiones (habitualmente áridas), donde se produce la formación de pantanos, y el consiguiente aumento en el número de casos de paludismo o de encefalitis. También el aumento de precipitaciones favorece el desarrollo de la vegetación y puede dar lugar a la aparición de brotes de enfermedades emergentes (Lima et al, 1999). En 1982/83 se produjo un evento de “El Niño” de grandes magnitudes (se lo conoce como “Meganiño”). Durante ese período, por ejemplo en Perú, que suele ser una de los países más afectados por las consecuencias del fenómeno marino/ climático, los casos de enfermedades diarreicas agudas aumentaron un 307% y el paludismo en un 250%. Fue después de un evento de “La Niña” que se produjo la primera epidemia de cólera del siglo XX que afectó a casi toda América Latina y que comenzó en Perú en 1991. Por supuesto que no podemos atribuirle solamente al fenómeno climático de “El Niño” o de “La Niña” el comienzo de la epidemia de 1991. Otros factores, como la arraigada costumbre en ese pueblo de comer ceviche, pescado crudo, y además el no poder contar con una red de agua potable para todos los habitantes del país, contribuyeron a que esta enfermedad milenaria, en muy poco tiempo, se extendiera por casi todo nuestro continente. Estos son algunos ejemplos de cómo una variable climática natural puede ser la disparadora de un problema sanitario.
El cambio climático como factor condicionante de las enfermedades emergentes y reemergentes
El clima es el promedio del conjunto de variables atmosféricas, especialmente troposféricas, que se producen regularmente a lo largo de muchos años. El clima global de la Tierra está determinado por un conjunto de variables, que se conjugan para crear las condiciones atmosféricas presentes en la actualidad. El clima terrestre y su temperatura han variado considerablemente desde que se originó nuestro planeta, hace más de 4.500 millones de años. Tomando como parámetro los 15º Cº globales que se registran actualmente, la Tierra oscila pendularmente por períodos fríos y períodos cálidos. En algunos momentos el planeta se cubrió casi totalmente de hielo y otras veces se asemeja a un “sauna”. Pero, todos estos cambios son graduales, muchas especies se pudieran adaptar, aunque muchas otras se hayan extinguido. Desde 1850, el ser humano ha estado incrementando en la atmósfera la cantidad de CO2 y de metano. Pero entonces, si el clima cambia, como lo ha hecho durante millones de años, ¿cuál es el problema? En realidad, el inconveniente no radica tanto en la cantidad de grados que pueda aumentar la temperatura (que de hecho ya es un problema en sí mismo), sino más bien en la celeridad con que se realiza esta transformación. Desde 1850 hasta nuestros días la temperatura global aumentó 0.6ºC como consecuencia de la acción antrópica (Barros, 2006). Estos procesos de transformación meteorológica, que trae aparejado el cambio climático global, acarrean consigo un aumento en la incidencia de casos de enfermedades emergentes y reemergentes, extendiéndose los vectores en latitud y en altitud, y por consiguiente las endemias y las epidemias. Los insectos como por ejemplo, el mosquito Aedes aegypti que es capaz de transmitir 5 especies de protozoos, 20 especies de filaria y 103 tipos de Arbovirus o el Culex pipiens, potencial transmisor de algunas encefalitis. En Buenos Aires, ambos mosquitos se encuentran presentes desde principios de octubre hasta mediados de mayo, siendo su circulación casi nula en el resto del año. Estudios realizados en los últimos 40 años, evidencian una tendencia a la extensión del período de prevalencia de estos insectos, debido al aumento de las temperaturas registradas en la ciudad durante este mismo período.(Schweigmann, 2009). El acortamiento de los períodos invernales podrá extender en el tiempo alguna eventual epidemia o en el espacio alguna endemia; recordemos que la epidemia de fiebre amarilla que se produjo en Buenos Aires en 1871, fue derrotada por el crudo invierno que se registró ese año. Por último debemos destacar que en los últimos años se han registrado parámetros térmicos anormalmente altos en los mares tropicales, siendo ésta la causa directa de la formación de huracanes y ciclones. El paso de estas megatormentas tropicales genera inundaciones y encharcamientos que, a su vez, producirán la aparición de epidemias posfenomenales.

Bibliografía

Instituto de formación docente (2012). “12 Epidemias y Salud Pública”. Ministerio de la Educación Presidencia de la Nación

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